Los perdedores del Nóbel

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Los Premios Nobel se instauraron en Suecia por el esfuerzo filantrópico de Alfred Nobel, como sin duda la mayoría de Vds. conocen. No vamos a repetir que Nobel descubrió la dinamita. Y quizás avergonzado o con el complejo de culpa al haber causado la muerte de muchas personas, decidió crear esos premios que recompensan el esfuerzo, la meritocracia y la acción investigadora.

El Premio Nobel fue instituido en 1895 como última voluntad de Alfred Bernhard Nobel, inventor de la dinamita e industrial sueco, en el Club Sueco-Noruego de París

Nobel, sintiéndose culpable de la responsabilidad de su industria de explosivos, decidió crear un fondo que premiara a quienes hubieran prestado “los mayores servicios a la humanidad” en distintos campos

En su testamento, Nobel distribuyó el capital en cinco partes iguales para:

Física y Química: descubrimientos o perfeccionamientos más importantes.

Fisiología o Medicina: descubrimientos más relevantes.

Literatura: obra más notable en el sentido del idealismo.

Paz: labor más y mejor en la fraternidad de los pueblos y en la supresión de ejércitos permanentes

Categorías y administración

Los premios se conceden en los siguientes apartados:

Física y Química:  decidida por la Real Academia Sueca de Ciencias.

Fisiología o Medicina:  Decidido por el Karolinska Institutet o Instituto carolingio de Estocolmo (lo visité en persona, entrevistándome con el Profesor Bertil Fredholm allá por las calendas de 1984, cuando no me importaba salir al extranjero a formarme. de Estocolmo.

Literatura:  Dotado por la Academia Sueca.

Paz:  Es el único premio que se dota fuera de Suecia, por el Comité Noruego del Nobel.

Economía (Premio Memorial Nobel en Ciencias Económicas): instituido en 1968 por el Banco Central de Suecia

Reconocimiento y ceremonia

Los laureados reciben una medalla de oro, un diploma y una suma económica (en 2009, 10 millones de coronas suecas, unos 1,4 millones de dólares)

La entrega de los premios de Ciencias se realiza en Estocolmo, y la de la Paz en Oslo,

Críticas y controversias

Desgraciadamente el premio ha sido usado políticamente en muchas ocasiones y su distribución ha generado acusaciones de sesgo o tráfico de influencias, especialmente por el alto número de premiados judíos.

Otra forma de verlo es que los judíos forman parte de la élite intelectual de la Ivo League, las grandes Universidades americanas, ergo “Skull and Bones” y otras asociaciones.

Esta postura es errónea, lo que sucede es que determinadas etnias tienen mayor acceso a la educación, más poderío económico y eso crea un “Krebsläuftkreis” o bucle vicioso endogámico.

Poco a poco iremos desgranando los científicos que fueron absolutamente marginados pese a que sus logros científicos estaban fuera de toda duda.

Empezaremos con 5 nombres. Una “muntza” griega. A saber:

Jean Claude Cherman. Formó parte del núcleo de investigación del Instituto Pasteur que lideraba Luc Montaigner, Francess Barré-Sinoussi y el propio Cherman. Los dos primeros fueron premiados en 2008, Cherman, lamentablemente, no. En desagravio Nicolás Sarkozy le dio la Legión de Honor y Chermann ganó igualmente el Premio Rey Faisal, dotado de una muy generosa asignación económica en 1993.

Sir Alexander Flemming aisló en 1929 la Penicilina, como principal valedor del descubrimiento del antibiótico, pero el verdadero impulso hacia la penicilina como tratamiento ocurrió en la Universidad de Oxford, a finales de los años 30 y principios de los 40, gracias al trabajo de Howard Florey y Boris Chain. Florey, médico y patólogo australiano, y Chain, bioquímico alemán, retomaron las investigaciones de Fleming con un enfoque sistemático hacia la purificación y producción del antibiótico; y los tres recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1945. Pero fueron científicos secundarios los que lograron realmente acertar con el P. griseofulvum; allanando   el camino a Florey / Chain para poder aislar, purificar y comercializar la sustancia. 

Stanley Prusinek descubrió los priones, pero a sus colaboradores, que se dejaron la piel tanto o más que ellos los dejaron fuera.

Francis Mógica. El culebrón del profesor alicantino Francisco Juan Sánchez Mógica fue de traca. El fue el que abrió camino en el complejo mundo del sistema CRISP trabajando en las salinas de Santa Pola. Luego el premio se lo dieron a dos mujeres en 2020, Jennifer Doubna y Emmanuelle Charpentier. Dos científicas de indudable valía, pero que se valieron de los trabajos previos de Francis Mógica en su propio beneficio. De hecho, Doubna fue incapaz de ver los mecanismos moleculares de las ribozimas, y se encasquillaba en un bucle de difícil solución, cambió de línea de investigación y se fue directamente al Ph.D. en Farmacología en Yale, en 1994. El grupo consiguió formar cristales de alta calidad, pero tuvo dificultades con el problema de las fases debido a una unión no específica de los iones metálicos. La ayuda le vino a través de un científico llamado Jamie Cate, que luego se convirtió en su marido y la ayudó a empapar los cristales en hexamina de osmio para imitar el magnesio. Utilizando esta estrategia, fueron capaces de resolver la segunda estructura de ARN plegado desde el ARNt.

Los iones de magnesio se agrupan en el centro de la ribozima facilitando el plegamiento del ARN, de manera similar al rol del núcleo hidrofóbico en el plegamiento de una proteína.

En 2006, por una extraña serendipia, a Doudna le tocó la lotería de encontrarse con Jillian Banfield a través de una línea de búsqueda cruzada en los buscadores de Google y realizaron un nuevo descubrimiento que reducía el tiempo de trabajo necesario para editar el ADN genómico. Su descubrimiento se basa en una proteína llamada Cas9 que se encuentra en el sistema inmune de la bacteria Streptococcus “CRISPR”, y así Doudna fusiló los trabajos de “las tijeras que cortan genes”, hecha por Francis Mogica en Alicante. Francis Mógica es un sabio tranquilo y minucioso que había visto como las bacterias se defendían de los virus mediante lo que él bautizó como el acrónimo CRISPR (siglas en inglés de “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas Regularmente Interespaciadas”).

La historia de CRISPR comienza a finales de los años 80 en el laboratorio de Yoshizumi Ishino de la Universidad de Osaka. Ishino y su equipo describieron por primera vez unas secuencias repetidas muy características (los locus CRISPR) en el genoma de Escherichia coli. Poco después, en 1993, el equipo de investigadores dirigido por el microbiólogo alicantino Francisco Juan Martínez Mojica identificó (de forma independiente) estas secuencias repetidas en una arquea, Haloferax mediterranei. Recordemos que en ésos momentos Doudna ni siquiera había oído hablar de CRISPR, estaba empantanada con las ribozimas y el ión magnesio.

Pero en Norteamérica una vez que estás en la logia de las “Ivy-League”, las carreras científicas están preñadas de becas y de ayudas a los buenos científicos.

Doubna en 2006 conoce como ya hemos citado a  Banfiel la única mujer  capaz de ganar la Medalla   Leeuwenhoek  de la Royal Dutch Society for Microbiology y la que en realidad la introduce en el mundo CRISPR y en 2011 Doubna  conoce  a Emmanuelle Charpentier; “ la  científica que surgió del frío”, porque pese a ser francesa de ascendencia armenia, Charpentier se formó del Max Planck Institute for Infection Biology y en la Universidad de Umea ( pronunciese  “umeo”), en el norte de Suecia. En 2011 conoce a Doubna en un Congreso en san juan y a partir de esos momentos forman un tándem imparable:

2014 Premio Lurie en Ciencias Biomédicas de la Fundación para los Institutos Nacionales de Salud.

2014 Premio Dr. Paul Janssen para Investigación Biomédica y el Premio en Innovación en Ciencias de la Vida, ambos compartidos con Emmanuelle Charpentier.

2015 Nombrada una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, junto con Emmanuelle Charpentier.

2015 Premio Princesa de Asturias, junto con Emmanuelle Charpentier.

2015 Premio Gruber en Genética, con Emmanuelle Charpentier.

2016 Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento junto con Emmanuelle Charpentier y Francisco M. Mojica.

2016 Premio L’Oréal-UNESCO a Mujeres en Ciencia

2019 Premio Harvey del Technion/Israel para el año 2018 (junto con Emmanuelle Charpentier y Feng Zhang )

2020 Premio Wolf en Medicina junto con Emmanuelle Charpentier.

2020 Premio Nobel en Química en conjunto con Emmanuelle Charpentier.

En ese momento los dos equipos (el profesor de la Universidad de Alicante Mógica y Doubna y sus cientos de becarios y acceso al Lawrence Institute) desconocían la función de estas secuencias y, por tanto, no se podían ni imaginar su gran potencial en biología molecular.

Diferentes grupos de investigadores, incluido el equipo de Mojica, continuaron investigando las secuencias repetidas y las identificaron en múltiples grupos de bacterias y arqueas, además de en el genoma mitocondrial. Fue entonces cuando el alicantino acuñó, por primera vez, el término CRISPR (siglas en inglés de “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas Regularmente Interespaciadas”).

Poco después del descubrimiento de las secuencias CRISPR, diferentes equipos de investigadores encontraron que ciertos espaciadores de estas secuencias derivan de virus bacteriófagos o plásmidos. En ese momento, el grupo de Mojica sugirió que las secuencias CRISPR podían formar parte de algún tipo de “sistema inmunitario adaptativo” propio de los organismos unicelulares, como bacterias y arqueas. Y no se equivocaba, aunque esto no se confirmaría hasta años más tarde.

A principios del siglo XXI, múltiples equipos de investigadores intentaron descifrar los mecanismos moleculares relacionados con las secuencias CRISPR, con el objetivo de determinar cuál era realmente su función. Finalmente, en 2007, el equipo del francés Rodolphe Barrangou publicó un artículo en el que se detallaba cómo las secuencias CRISPR, junto a unas proteínas llamadas “cas”, proporcionan resistencia adquirida a infecciones pasadas en bacterias procariotas.

En cuanto a su funcionamiento, el sistema CRISPR-Cas es una especie de “sistema inmunitario adaptativo” presente en ciertos microorganismos que consta de varias etapas.

En primer lugar, el sistema identifica el ADN exógeno y lo incluye en su “batería” de espaciadores. Las proteínas encargadas de este primer paso son Cas1 y Cas2, proteínas capaces de identificar las secuencias de ADN exógeno, normalmente provenientes de virus bacteriófagos. Estas proteínas, además, cortan el ADN exógeno, generando un “protoespaciador”, que posteriormente será modificado e insertado en una secuencia CRISPR.


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