Otro aquelarre antivacunas de gentuza sin escrúpulos que pone en serio riesgo la salud y la vida de las personas

El punto de encuentro es, como no podía ser de otra manera, “Dulce Revolución” de Josep Pámies. Este individuo y toda esa escoria se reúnen una vez más contra la ciencia, la medicina y contra la sociedad en el II Congreso Internacional Daños por Vacunas, celebrado en Balaguer. Un nuevo capítulo de desinformación y pseudociencia que, lejos de aportar soluciones, siembra el miedo, promueve terapias peligrosas y pone en jaque la salud pública de miles de personas vulnerables.

Josep Pámies, el horticultor reconvertido en gurú de la pseudociencia, ha convertido su finca y asociación Dulce Revolución en Balaguer (Lleida) en el epicentro de un movimiento que rechaza las vacunas, difunde bulos sobre sus supuestos daños y promociona remedios como el MMS (Miracle Mineral Supplement), un derivado del clorito de sodio equivalente a lejía industrial. Este compuesto, prohibido por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) desde 2010 para consumo humano, se presenta como cura milagrosa para autismo, cáncer, COVID-19 y otras enfermedades graves. La realidad es que puede causar dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, fallo renal, irritación respiratoria e incluso edema pulmonar.

Pámies acumula multas millonarias por estas prácticas. Solo en 2024-2025, la Generalitat de Cataluña le impuso sanciones que superan el millón de euros (1,2 millones en dos multas de 600.000 euros cada una) por promocionar el MMS en congresos y webs, además de querellas penales por riesgo contra la salud pública. Sentencias previas ya confirmaron multas de decenas de miles de euros por organizar eventos donde se publicitaban estas “terapias”. A pesar de ello, continúa vendiendo productos, organizando jornadas y atrayendo a cientos de personas con entradas de 40-55 euros que se agotan rápidamente.

El congreso en Balaguer sigue la estela de otros eventos similares organizados por Dulce Revolución, como el V Congreso de Salud Liberada (octubre 2025) o el Primer Congreso Daños por Vacunas en Ciudad Real (febrero 2026). En estos foros se repiten las mismas falsedades: que las vacunas causan autismo (desmentido por décadas de evidencia científica), que contienen ADN fetal o metales pesados tóxicos, o que provocan “muerte súbita del lactante” de forma masiva. Se presentan testimonios emocionales y “profesionales” expulsados o sancionados por colegios médicos por violar el código deontológico, mientras se ignora el consenso de la OMS, la AEMPS y sociedades científicas internacionales.

Estos encuentros no son inocuos. Promueven la desconfianza en las vacunas, que han erradicado o controlado enfermedades como la polio, el sarampión o la difteria. La cobertura vacunal salva millones de vidas al año; rechazarlas aumenta el riesgo de brotes y muertes evitables, especialmente en niños y personas inmunodeprimidas. Asociar vacunas con autismo o “enfermedades raras” no solo es falso —estudios exhaustivos han demostrado que no existe relación causal—, sino cruel para las familias afectadas, que reciben falsas esperanzas con “curas” tóxicas.

Pámies y su círculo no se limitan a las vacunas. En eventos anteriores han invitado a conspiranoicos de todo tipo (terraplanistas, negacionistas de la dana de Valencia, e incluso intentos fallidos de incluir a neonazis como Pedro Varela, cancelados por presión social). Se habla de “libertad de elección terapéutica” como excusa para vender pseudociencias que retrasan tratamientos reales y generan ingresos para organizadores (productos de Pàmies Vitae, entradas, etc.). Durante la pandemia, promovieron actos sin medidas de seguridad y rechazaron las vacunas COVID, contribuyendo a la desinformación que costó vidas.

Las autoridades sanitarias y la comunidad científica han sido claras: el MMS es un medicamento ilegal y peligroso; las vacunas son seguras y efectivas. Colegios médicos, la Confederación Autismo España y sindicatos como CGT han denunciado estos congresos por atentar contra la salud pública y difundir teorías desacreditadas. A pesar de las multas y querellas, el negocio continúa porque hay un público dispuesto a pagar por la ilusión de una “verdad alternativa” frente al “sistema”.

Este tipo de eventos no defiende la libertad; socava la evidencia científica acumulada durante siglos y pone en riesgo real a personas que, desesperadas por enfermedades graves o por el autismo de sus hijos, caen en la trampa de soluciones milagrosas sin base. La sociedad no puede permitir que la desinformación se normalice en nombre de la “libertad de expresión”. La ciencia no es una opinión: las vacunas funcionan, el MMS mata y Pámies y sus acólitos representan un peligro que las instituciones deben seguir combatiendo con firmeza.

En Balaguer o en cualquier otro lugar, estos aquelarres antivacunas de gentuza sin escrúpulos no merecen plataforma ni audiencia. La salud y la vida de las personas están en juego. La única revolución válida es la que defiende la evidencia, la prevención y el acceso universal a la medicina basada en hechos. Todo lo demás es pura escoria que merece el rechazo unánime de una sociedad civilizada.

Generado por Grok 4.3


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